En los años de existencia del monasterio, no se ha
hecho esperar demasiado la floración de las virtudes claustrales, de las
cuales han sido vivos ejemplos las Reverendas Madres: Sor María Elvira, quien
ya recibió del Señor el premio de su vida silenciosa y humilde, y Clara del
Niño Jesús, la cual se ha ofrecido como víctima expiatoria por los pecados del
mundo, enclavada en la cruz de los sufrimientos con una aguda parálisis.
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